Juan Carlos Piersanti: “El draper tiene mucho camino por recorrer”

EMPRESA: Piersanti | RUBRO: Cosecha | TEMA: Líderes de la industria


La empresa Piersanti celebra en Expoagro 10 años con la plataforma de lona que creó y fue premiada. Dialogando con MaquiNAC, su presidente trazó el futuro de la tecnología y el trabajo que queda por hacer.

Por Jorge Freites. Editor.

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Piersanti es una palabra con resonancias a cosecha. Está asociada, de modo indisoluble, a las plataformas.

En 2017, la compañía cumple 10 años desarrollando drapers en Argentina, una tecnología sobre la que investigó y perseveró hasta coronar el éxito.

Pero, además, Piersanti es uno de los símbolos de las empresas familiares de la maquinaria agrícola en el país. Nació hace 30 años y se impuso contra viento y marea.

Juan Carlos Piersanti creó el emprendimiento a partir de un pequeño taller y lo transformó en un emblema del pueblo cordobés de Noetinger.

No le gusta que lo llamen empresario. Prefiere seguir con la pasión del hacedor, porque así “no hay forma de errarle”.

En diálogo con MaquiNAC, contó cómo desarrolló la tecnología draper y cómo Piersanti sigue innovando en un negocio abierto a más secretos por descubrir.

La punta del ovillo

En Expoagro, Piersanti celebrará ante el gran público los 10 años que lleva con la tecnología draper. ¿Ese es uno de los grandes hitos de la empresa?

En julio de 2017 hará exactamente diez años que la idea empezó a plasmarse, que empezamos a investigar con la lona.

Y aun entre un montón de adversidades y problemas al que este país nos tiene acostumbrados, no abandonamos la búsqueda de información y a empezar a interiorizarnos. El tiempo ha pasado y ya llevamos una década con el tema de la lona.

¿Cómo vislumbraron que esa tecnología se podía introducir con éxito en el mercado argentino?

La lona se inventó en 1946, ya se usaba para máquinas de arrastre. Pero ¿qué pasa? Que uno que está al acecho, tratando de ver hacia adelante; no es un invento que se nos ocurrió de casualidad.

De tanto andar, de hablar con la gente, tantos contactos que uno logra en la facultad de la calle -que no hay otra facultad mejor para quien ya tiene sus años- obtuvimos un dato clave.

Una persona me dijo: “ustedes que están en el rubro de las plataformas, vayan incursionando en el tema de la lona porque dentro de tres años se destapará”.

Una persona a quien le agradezco en silencio –no puedo mencionar pero pertenece a una empresa extraordinariamente líder en el país- me dijo: “ustedes que están en el rubro de las plataformas, vayan incursionando en el tema de la lona porque dentro de tres años se destapará”.

Y, efectivamente, no paro de agradecerle a esta persona que aceleró la búsqueda que nosotros habíamos empezado.

Una cosechadora e ingenieros “a cielo abierto”

¿De qué manera siguió el proceso de investigación?

Empezamos a chequear en el año 2000, empezamos a buscar si alguien había ingresado una cosechadora americana. Y dimos con una gente de Ricardone, en Santa Fe, que había comprado una cosechadora en Estados Unidos con una plataforma de lona rígida, para el trigo.

La fuimos a ver y era una plataforma de 33 pies. Y nosotros, con esa visión que tuvimos, empezamos a trabajar y los primeros pasos los dimos en el trigo en la zona de Quequén y Necochea. Por allá fuimos a hacer trigo con la primera plataforma de lona, el primer prototipo, que llevamos todo envuelto para resguardar el desarrollo.

Obtuvimos una medalla de oro por haber incursionado en la tecnología sobre la que no había registros en la Argentina ni en Sudamérica.

Fue tanto el éxito logrado que volvimos con muchas ganas de desarrollar esa plataforma que no existía en Argentina ni en Sudamérica –y no estoy exagerando absolutamente nada. No existía la barra de corte flotante delante de una plataforma de lona. El mercado de la lona era rígido. Ahí es donde Piersanti hace su primera innovación tecnológica y lo testomonia el premio que en 2009 nos otorgan Ternium Siderar y Expoagro.

 

¿Se nutrieron de los contratistas, de la gente que trabaja con las cosechadoras?

Por un lado, le agradezco a toda la ingeniería que tenemos en la empresa por ese paso adelante que dimos. Pero también hay ingenieros a cielo abierto que son los contratistas, los maquinistas, que nos dieron el puntapié inicial porque no es fácil trabajar a prueba y error desde cero. No había donde espejarse, dónde mirar para hacer adaptaciones.

El circuito hidráulico fue una cosa de locos poder lograrlo para la estabilización. No me quiero adjudicar estos diez años yo solo. Le agradezco a toda la gente que nos acompaña en los proyectos dentro de la empresa, pero a cielo abierto los maquinistas también son ingenieros.

Escenarios y lo que viene

¿Qué tipo de aporte hicieron esos “ingenieros” para el desarrollo del draper?

En Argentina, una cosa impresionante son los escenarios de trilla. Este bendito país ofrece terrenos arenosos, con piedras, con palos, curvas, desniveles…

Las personas que compran un cabezal de lona lo tienen que usar en todo terreno, no es que los usan solo en la Pampa Húmeda en un nivel fijo. Hay escenarios donde los niveles no son cero. Y el flexible tiene que adaptarse. Por eso, lo que hemos logrado nosotros y que lo resaltamos es la alta flotación y la virtud que tuvimos es que las dos lonas laterales son rígidas y lo que trabaja es la parte de la puntonera que es la que flota y copia el terreno.

¿Cuál es el futuro de la tecnología draper?

La lona, por lo que nosotros estamos manejando acá, es un nicho que tiene varios años para desarrollarse.

Hay que perfeccionarse cada día, porque no podríamos decir que está resuelto el tema de la lona. No soy dueño de la verdad, pero en el draper hay vicios ocultos para corregir.

Todavía debemos trabajar muy fino, con una precisión que podríamos decir centesimal –por usar una expresión– porque hay vicios chiquitos para corregir.

Al draper le queda mucho camino por recorrer todavía y estoy hablando por mí, por la visión que tengo sobre el tema.

Se está trabajando mucho en los anchos de las plataformas. Hay algunas de 50 o 55 pies. Pero ojo con eso. Tengo la suerte de conocer gente en empresas líderes de semillas y la tendencia de las plantas es que sean cada vez más verdes y las chauchas cada vez más secas.

No es cuestión de disparar los anchos de trabajo si después vamos a tener problemas con la recolección.

La reforma que ensancha el negocio

Piersanti presentó un draper “a medida” para las cosechadoras Clase VII

La empresa de Noetinger incorporó una versión de 37 pies a su línea de plataformas de lona. Fue desarrollada a la medida de las cosechadoras Clase VII, un segmento que crece en el parque nacional. Mirá el video.

Además de producir plataformas de lona, también hacen la reforma para pasarlas a draper. ¿Cómo está funcionando ese mercado?

En ese tema somos fuertes. Hay cosechadoras muy modernas que se han comprado con sinfín y ahora, hace unos cuatro años largos, que Piersanti tuvo la visión de incorporar la lona dentro del cabezal original y convencional.

Lo que nosotros hacemos es sacar el sinfín y todos los mecanismos convencionales y le incorporamos el draper dentro de la plataforma del usuario.

¿Se puede decir que están proporcionando la tecnología draper a un costo más accesible?

Si sólo vendiéramos drapers, estaríamos dejando afuera a gente que no puede tener acceso a una plataforma de lona. ¿Y qué hace esa gente con su plataforma convencional si apenas tiene 2 o 3 años de uso?

Entonces, ahí es donde Piersanti se ha hecho muy fuerte. Estamos sobre-demandados de consultas y ventas en el rubro de la reforma porque hay gente que quiere incursionar en la tecnología haciendo la adaptación.

Atendemos muchos casos de plataformas de 35 pies y la llevamos a 40 pies. Le ponemos la lona y con el 50% del valor de un draper nuevo y con dos años de garantía, le brindamos al cliente la transformación de la plataforma.

El valor de la tecnología

Piersanti presenta un draper de 45 pies

Es el cabezal más grande de fabricación nacional. Opera con barra de corte y flexible flotante, exclusivo de la marca pionera en Argentina en la producción de cabezales de lona.

¿Se valora esa tecnología a la hora de requerir los servicios de un contratista? ¿se valora que trabaja con draper?

No está reconocido en los pagos de servicios para quien tiene la tecnología. El contratista que incorpora la lona, la balanza y demás equipos para prestar un mejor servicio, debería estar reconocido en no menos de un 7% respecto a quien no incorporó todas esas ventajas.

Pero en la voracidad de levantar la cosecha, vale todo. Vale el que no invirtió tanto como el que invirtió y sacó un crédito para tener tecnología y está endeudado por el objetivo de brindar un mejor servicio.

Y sabemos bien que la lona proporciona 305 más de rendimiento, que reduce las pérdidas en 100 kilos por hectárea, que permite trabajar 3 o 4 horas más por día y que hacer ahorrar un 15% en combustible.

¿Y qué pasa con las máquinas tienen el draper?

Hoy la lona se está mostrando como una necesidad. Tengo la posibilidad de dialogar con muchísimos concesionarios de distintas marcas y unos dos años atrás, una cosechadora usada con cabezal de lona, era intrascendente.

Actualmente, una cosechadora que tenga plataforma de lona ya tiene un valor relativamente reconocido.

Una pasión bien fierrera

En 2016, la empresa Piersanti cumplió 30 años. ¿Cuál es la sensación cuando se contempla la obra conseguida?

Pude estudiar hasta sexto grado, pero tuve la oportunidad de estar en una “facultad” como fue la fábrica de cosechadoras Araus donde me forme durante 18 años.

Después salí para instalar un tallercito y seguí mi camino. Y hoy, al ver toda la sangre nueva que se me sigue, ver dónde se ha posicionado la marca, lo que es la empresa…me deja sin palabras.

No me gusta la palabra empresario. Sigo trabajando a la par de los demás. Soy uno de los primeros en llegar y uno de los últimos en irme.

Las cosas, cuando se hacen con pasión, no hay manera de errarle. Es una pasión que uno tiene casado en segundas nupcias con los fierros porque mi mujer me ha bancado todo y crió a nuestras hijas prácticamente sola.

Siempre defendí la herramienta fundamental de la empresa: la gente con la capacitación que tiene; de otra forma sería imposible.

En algunas épocas, había indicadores que señalaban que era mejor cerrar y abrir cuando pasara el temporal. Pero nosotros seguimos siempre, a pesar de las adversidades. Así hacemos Piersanti.

 

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2017-06-19T19:42:28+00:00